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EL DESPACHO

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Irma Barquet La casa era enorme, superaba con creces las necesidades de la familia que, para aquella época, no era tan numerosa. Construida en dos plantas, en ellas se distribuían todas las habitaciones destinadas a los fines comunes y particulares. El espacio estaba amueblado de manera adecuada, con todo aquello que podía proporcionar comodidad, además de reflejar las características de la moda contemporánea. En la planta baja de la casa familiar había un lugar que, además de amplio, resultaba muy peculiar: la familia lo llamaba “el Despacho”. Con el correr de los años, al crecimiento de los niños que habitaban esa casa, ese lugar se hizo cada vez más especial. Su mobiliario era el que comúnmente se destina al trabajo o al estudio: un escritorio sobrio, elaborado con madera fina que su diseño tan formal invitaba a utilizarlo para realizar las actividades pendientes o inventadas, para cumplir con las responsabilidades o para darle sentido al tiempo, que dejara de ser ocioso y se volv...

UN LUGAR QUE YA NO ESTÁ EN LOS MAPAS

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Irma Barquet Hace algunos días, en una conversación con mi hermano Memo, en la que tuvo a bien contarme un pasaje de su vida, de cuando era niño —yo todavía no existía, ni en sueños— y, llamó tanto mi atención, que le propuse escribir juntos una memoria de ese episodio, a lo que accedió gratamente —quizá irremediablemente—.   No era una historia extraordinaria en apariencia: ningún suceso heroico, ningún giro dramático digno de los libros de historia familiar. Y, sin embargo, mientras lo escuchaba, algo en su manera de detenerse en los detalles —la hora imprecisa de la tarde, el olor persistente del polvo caliente, el silencio que siguió a una frase dicha sin pensar— me hizo comprender que ahí, en ese recuerdo mínimo, se escondía una verdad más grande que los hechos mismos. Memo hablaba con la serenidad de quien ha contado la anécdota otras veces, pero también con la cautela de quien no la ha mirado del todo. Yo, en cambio, la recibía como si fuera nueva, como si ese niño que él ha...

RETROALIMENTACIÓN ACADÉMICA

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  Irma Barquet   Definitivamente escribir es un excelente ejercicio para que lleven a cabo los estudiantes en su formación profesional, porque contribuye enormemente al desarrollo de habilidades superiores de pensamiento, así como al de la metacognición. Insistir, por parte de quien está a cargo de facilitar las diferentes materias curriculares, que los estudiantes escriban, que elaboren diferentes proyectos académicos que pongan de manifiesto esas aptitudes, pues también son un espejo de sus capacidades argumentativas y de razonamiento, entre otras cosas. Una de las mejores maneras de facilitar las asignaturas propias del currículum profesional, es la revisión de avances de trabajos escolares, que funciona como un gran elemento evaluativo, permite la retroalimentación inmediata. Las revisiones son el mejor termómetro para dilucidar cómo trabaja cada estudiante, en particular, así como el nivel de conocimientos que ha adquirido el grupo, en general. Las exploraciones f...

EN NAVIDAD

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  Irma Barquet ¡Cómo ha corrido el tiempo! Será porque es el último mes del año y nos hemos dado cuenta de lo rápido que se escurren los días, como luces que se apagan una a una en el árbol, dejándonos el corazón lleno de recuerdos. Diciembre llega con ese rumor de campanas suaves, con el frío que invita a acercarnos, a mirar atrás sin prisa y agradecer lo vivido. Es el mes en que el alma hace inventario: lo que dolió, lo que sanó, lo que quedó pendiente… y también lo que brilló. Entre abrazos que reconcilian y silencios que consuelan, el año se despide despacio, pidiéndonos que guardemos lo esencial y dejemos ir lo que ya cumplió su tiempo. Ahora se respira un ambiente, además de frío, festivo, navideño, nostálgico… Los planes de la cena familiar de Noche Buena no se escatiman, que dónde la vamos a pasar, qué vamos a incluir en el menú, quién me tocó en el intercambio de regalos, qué va a llevar cada invitado… y entre tantas preguntas prácticas se cuela la verdadera expectativ...

SI...

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  Para SS Irma Barquet   Si estoy dormida, despiértame, con la punta tibia del resplandor que entra por la ventana, con el murmullo de mi nombre que sólo tú sabes deletrear despacio, con la garantía que afuera el cosmos sigue respirando y guarda este sitio para nosotros. Despiértame como quien abre un libro que dejó marcado, con cuidado de continuar la aventura para aferrarse a cada palabra. Si mis pensamientos me absorben, llámame, pues tu voz es la orilla donde mi alma siempre vuelve a descansar y en su eco encuentro la claridad que me trae la paz. Llámame y yo volveré a mí, volveré a ti, como el constante latido que me espera en nuestro cálido universo. Si estoy en silencio, escúchame, porque a veces callo, no por ausencia, sino porque mi voz se queda en la ribera y necesito de ti para cruzarla. Escúchame en el modo en que respiro, en la forma en que mis manos te buscan como el mejor lugar donde posarlas, en el peso leve con el que mi esencia se acomoda cuando por...

CINCUENTA AÑOS DE AMISTAD

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A Lupita, Tere y Rebeca ( ✟). Irma Barquet De la adolescencia, a la juventud, a la edad madura… Es casi una vida entera. Muchas alegrías, pero también algunas penas, melenas abundantes, radiantes, castañas y ahora grises. Cincuenta años de amistad, no es solo tiempo, es historia, es vida entrelazada. Son miles de cafés compartidos, son risas que todavía resuenan en el aire, en el recuerdo, también, son silencios que se entienden sin decirse nada. Son los secretos juveniles que se transformaron en confidencias de mujeres grandes, sabias. Cincuenta años son bodas y bautizos, llantos de despedidas, hijos que crecieron oyendo sus nombres en las conversaciones de sus madres… Son las manos que han madurado juntas, pero que siguen buscándose cuando la vida se hace pesada. Son los viajes que no salieron perfectos, pero quedaron espléndidos en el corazón. Esas fotos del recuerdo donde aún se reconocen los rasgos, cuya nitidez ha mermado y el tiempo ha cambiado los rostros, son imágenes ...

DONDE HABITAN LOS MURMULLOS (Parte 2)

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Irma Barquet / Adriana Anaya   Su madre no soportaba verla en ese estado catatónico. Sabía que ella, y solo ella, era la culpable del terrible porvenir de su hija. Sin embargo, no se resignó a aceptarlo, pudo imaginar lo que podría sucederle en el tiempo, pues implicaba la disposición incondicional, en cuerpo y alma, para conseguir, a como diera lugar, el mandato por designio. Desde hacía generaciones, su familia había pertenecido al culto de Manat, la diosa islámica del destino. Su tatarabuela había sido sacerdotisa, al igual que su bisabuela y su abuela. El linaje femenino entero estaba consagrado a servirle. Ella debía continuar el legado… pero lo negó. Negó su destino, y prefirió enterrarlo —literalmente— bajo piedra y cal. Creyó que con el silencio y el olvido bastaba. Pero no hay olvido cuando se trata de una diosa… Manat no perdona a quien la niega. Sabía que, tarde o temprano, regresaría a reclamar lo que era suyo. Lo que por precepto divino le pertenecía: su sangr...