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Mostrando las entradas de marzo, 2024

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  Irma Barquet   “El fin de semana, nos vamos a Aguascalientes”, dijo mi padre, a quien le gustaba visitar esa ciudad, por lo menos dos veces: una en Semana Santa y otra en el último trimestre del año. Allá vivía un amigo suyo muy querido con su familia. Tan apreciado, que mis padres llevaron a su hijo menor a la pila bautismal. El viaje lo emprendíamos por carretera. La familia entera a bordo del flamantísimo Valiant, de algún año de la década de los 60 del siglo pasado. Vehículo de cuatro puertas con asientos de banca, en el delantero tenía un descansabrazo abatible, era mi privilegiado lugar de viaje. Era estándar, con la palanca en la columna de la dirección, a tres velocidades más la reversa. El mango de la palanca de velocidades, los botones para encender los faros y activar los limpiadores del parabrisas y las perillas de las manijas de los elevadores de cristales eran de pasta, del mismo tipo. En el tablero tenía el velocímetro junto con el odómetro, la radio de amplitud