EL DESPACHO
Irma Barquet La casa era enorme, superaba con creces las necesidades de la familia que, para aquella época, no era tan numerosa. Construida en dos plantas, en ellas se distribuían todas las habitaciones destinadas a los fines comunes y particulares. El espacio estaba amueblado de manera adecuada, con todo aquello que podía proporcionar comodidad, además de reflejar las características de la moda contemporánea. En la planta baja de la casa familiar había un lugar que, además de amplio, resultaba muy peculiar: la familia lo llamaba “el Despacho”. Con el correr de los años, al crecimiento de los niños que habitaban esa casa, ese lugar se hizo cada vez más especial. Su mobiliario era el que comúnmente se destina al trabajo o al estudio: un escritorio sobrio, elaborado con madera fina que su diseño tan formal invitaba a utilizarlo para realizar las actividades pendientes o inventadas, para cumplir con las responsabilidades o para darle sentido al tiempo, que dejara de ser ocioso y se volv...