Irma Barquet / Adriana Anaya Alguien le contó, que la casa de su tatarabuela fue construida sobre los restos arruinados de un recinto donde enclaustraban a personas que se les consideraba poseedoras de ciertos poderes inexplicables, fuera del alcance de todo raciocinio, algo así como facultades demoníacas, a quienes solían aplicarles algunos correctivos, semejantes a torturas, para que confesaran el origen de sus dichos o de sus hechos. En especial, una de las habitaciones de la gran casa, —la que había sido el aposento de su tatarabuela, posteriormente de su bisabuela y, al final, de su abuela—, estaba clausurada, cerrada a piedra y lodo, para evitar que alguien pudiera profanarla. Esa situación estremecía su paz interior. Shujae poseía una belleza misteriosa. Sus ojos color violeta, le daban un toque muy especial a su mirada, con la que atrapaba la atención de cualquier mortal. Su figura, esbelta y refinada, atractiva, provocaba el interés de mujeres y hombre...
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