CUANDO EL SILENCIO DELATA
Irma Barquet Se había percatado de “algo” por ese cruce de miradas extrañas y el brillo de unos ojos que, casi siempre, permanecían apagados. Había una forma distinta de sostenerse la mirada, un fulgor breve, apenas contenido, que dejaba al descubierto aquello que intentaba ocultarse bajo la rutina y las apariencias. Los comentarios en broma se escapaban y las risas abiertas trataban de disimular lo que, en el fondo, ya había comenzado a suceder… quién sabe desde cuándo. Porque hay actos que no irrumpen de golpe; se van instalando despacio, como la humedad en las paredes, hasta que terminan por resquebrajarlo todo. Continuaba el correr de los días, con la consabida rutina, pero el afán de agradar estaba ahí, presente. En los pequeños detalles, en las palabras dichas con excesiva suavidad, en los encuentros repentinos y en esa necesidad de coincidir que ya no podía atribuirse a la casualidad. Seguramente, a solas, podían dar rienda suelta a su libertad de sentir y de hacer...