UN PASEO CON TERE
Irma Barquet Era el Centro Histórico, lo recuerdo muy bien por los edificios de estilo colonial, construidos con cantera verde. Sí, parece que era en Zacatecas, porque ella vivió en esa ciudad los últimos años. Yo nunca la visité, pero manteníamos contacto telefónico y solíamos prolongar nuestras pláticas, a pesar de aquel dicho que reza que «el teléfono es para acortar distancias, no para alargar conversaciones». Eso nunca nos importó. Siempre teníamos cosas importantes —para nosotras— que contarnos, aunque a veces fueran historias repetidas. Nunca podíamos decir: «Eso ya me lo dijiste» o «Eso ya me lo sé», porque habría sido como rechazar el placer de volver a vivir el cuento. Caminábamos por aquellas calles, algunas estrechas; otras, de subida y de bajada, empedradas, adoquinadas, como es el estilo de aquella ciudad tan hermosa. El sol caía a plomo, pues era relativamente temprano, y nos cambiábamos de banqueta, atravesábamos la calle para asegurarnos de caminar bajo la ...