LA AVENTURA DE ENSEÑAR
Irma Barquet Sin lugar a dudas, la elección vocacional ha sido una de las mejores cosas que me han sucedido en esta vida —que ya ha dejado pasar varias hojas del calendario— y, al hacer el recuento, el saldo se inclina mucho más hacia las satisfacciones, aunque, en honor a la verdad, también haya tenido sus inevitables sinsabores. Recuerdo las primeras ocasiones en que estuve frente a grupo, dentro de un esquema formal de trabajo profesional. Aunque todavía era estudiante, aquellas experiencias marcaron profundamente mi vida, incluso en el terreno personal. Había diseñado un curso de capacitación para colaboradores de una empresa automotriz en la que prestaba mis servicios. Como parte de una estrategia de capacitación interna —que, además, permitía abatir costos— elaboré un programa de Formación de Instructores. La aventura de aquella etapa fue sensacional, pues significaba la aplicación inmediata de los conocimientos que, en ese entonces, adquiría en la universidad. Siguiendo ...