DONDE LA MÚSICA COBRABA VIDA
A Fernando Manuel Castañeda Sánchez
Irma Barquet
Todo empezó cuando Fernando tenía 3 años. Su gusto por la música fue creciendo desde esa temprana edad y los responsables directos fueron su padre y su madre, pues ésta última solía cantar las canciones que interpretaba Sarita Montiel y que estaban de moda: “El último cuplé”, “La violetera”… Además de su afición por el cine mexicano, películas en cuyo reparto aparecía la cantante mencionada.
Su papá, músico connotado, lo llevaba a la estación de radio XEW y a Televicentro donde acudía a trabajar. Ahí, Fernando, conoció a cantantes solistas, de tríos, actores, actrices, bailarines: Irma Serrano, La Tariácuri, Verónica Loyo, Hugo Avendaño, Demetrio González, Luis Aguilar, en fin, mucha gente que se dedicaba al mundo del espectáculo.
Las personas mencionadas los saludaban muy cálidamente, pues era muy querido en el ambiente. El señor Fernando Castañeda, conocido como El Elefante, ejecutaba magistralmente el saxofón barítono; fue integrante de la orquesta del cubano Dámaso Pérez Prado cuando el cine mexicano estaba en su época de oro y los salones de baile estaban en pleno apogeo (entre 1948 y 1953), pero también acompañó a personalidades musicales como Agustín Lara, Pedro Vargas y Alvarito al piano, entre otros más que lo reconocían como un magnífico músico. De la misma manera, era apreciado por actores y actrices como Pedro Infante, Pedro Armendáriz, Silvia Pinal, la Doña… Ascárraga Vidaurreta se detenía en los pasillos a saludarlo, al tiempo que le decía “¡Cuántos músicos quisiera tener como usted!”
El magnífico saxofón barítono con su cálida voz y, al mismo tiempo, oscura y profunda, capaz de abrazar el pecho como un trueno de terciopelo, tenía siempre un lugar privilegiado, en grupos como Big Bands, de jazz, por mencionar algunos…
Nuestro personaje tiene el mismo nombre de su padre, por lo que se puede asumir que, a ambos, les fluyen las notas musicales por sus venas. Un sentimiento de nostalgia invade el recuerdo de Fernando, que expresa: “Mi padre fue un gran artista, tanto que, seguramente no lo pude apreciar en todo lo que valía”.
Con el correr del tiempo, la moda musical tomaba rumbos totalmente diferentes, cuando Fernando era un adolescente inquieto, junto con los movimientos sociales como el hippie, con el slogan inconfundible “amor y paz”, manifestaciones de rebeldía de la juventud, el cambio del atuendo, el fomento de hacer el amor y no la guerra…
El joven Fernando, movido por el entusiasmo del deporte en sus épocas de estudiante, se distinguió en el fútbol, así se ganó el respeto de sus compañeros de escuela, además que era un excelente estudiante, a juzgar por las calificaciones que obtenía. Al mismo tiempo, su corazón seguía latiendo al ritmo de todas las melodías, lo que acrecentaba su sensibilidad y conocimiento musical. Deporte y música, en ambas tareas se aplicó, fue muy bueno y empezó a sobresalir.
Continuó con una magnífica trayectoria académica incluso en sus años de universitario, en la escuela de Derecho de la UNAM, disfrutando de las clases de destacados maestros como Jorge Sánchez Azcona, que era titular de Sociología y Teoría General del Estado; Quiroz Cuarón, criminólogo; Ignacio Burgoa, en la materia Derecho Constitucional; Sara Bialostosky Barshavsky, en Historia del Derecho; Guillermo Floris Margadant en el estudio del Derecho Romano; Alberto Székely, en investigaciones jurídicas; Moreno Collado, en Derecho Constitucional y Administrativo; Modesto Seara Vázquez (✟), jurista e internacionalista; Díaz Lombardo Toledano, por mencionar solo los botones de la muestra, lo que sin duda, fue garantía en su formación profesional.
Al mismo tiempo, Fernando inició su carrera musical, con un conjunto de nombre Los Monarcas, quien lo invitó para que participara con ellos en la voz del coro, en los años 60, con la música de esa época, netamente rocanrolera, un poco condicionada su entrada al grupo a la compra de una bocina y un micrófono al principio, pero que al final se convirtió en un órgano, lo que implicó que se endeudara significativamente, con su papá, quien le financió esa adquisición.
Cuando tuvo el órgano en su poder, se dio cuenta que no sabía hacerle sonar absolutamente ninguna nota. Por él mismo, Fernando empezó a tocar la escala musical y con mucho ejercicio, logró aprender esa base.
Los ensayos con el grupo Los Monarcas le permitieron a Fernando dominar los tonos musicales, pusieron la canción “Gloria”, y, de repente, le comunicaron acerca de la desintegración del conjunto para dejarlo fuera. La noticia hizo que se enojara mucho, pues, además del esfuerzo que estaba imprimiendo en su trabajo para aprender música, había adquirido una deuda que no tenía manera de solventar, hasta ese momento.
Por otro lado, su papá le insistió que tomara clases, a lo que Fernando se rehusó, pues lo consideraba old fashioned. Posteriormente, Pedro Carreño, quien ayudaba a Los Monarcas a poner nuevas canciones, se enteró que habían tenido un organista y se dio a la tarea de buscar a Fernando, pues estaba en plena pesquisa de prospectos para formar un grupo musical. Ese contacto hizo a Carreño convertirse en su maestro de órgano. Las clases fueron exitosas, pudieron interpretar la canción “Hazme una señal”, de moda en esos momentos, logrado a fuerza de hacer ejercicios a toda hora del día y de la noche, casi sin descanso.
Ese nuevo grupo musical formado por Carreño, fue bautizado como El Camino a la Revolución, del cual Fernando fue integrante durante algunos meses, pero no le gustaba, no había coordinación, el volumen era altísimo y distorsionaba lo que pretendían que fuera música… ¡era un desastre! Aunque lo consideró como una “buena escuela” para combatir su pánico escénico.
De pronto, en una presentación, el grupo La Clase Media oyó tocar a Fernando y lo invitó a que se les uniera. ¡No lo podía creer… era casi un sueño! Accedió y se convirtió en el tecladista. Recuerda que la primera ocasión en que tocó, estaba nerviosísimo, le sudaban las manos y el teclado estaba empapado pues nunca antes había estado en un auditorio —el de la Preparatoria 9— repleto de gente. Hasta la tercera pieza empezó a “sentirse en casa” cuando se dio cuenta de que su ángulo visual tenía que estar en un lugar diferente a la audiencia. Su debut fue con la canción “Stormy” —escrita por Buddy Buie y James R. Cobb, lanzada al éxito por la banda estadounidense Classics IV, con la voz principal de Dennis Yost, en 1968— que en sí misma ya representaba un gran reto, así que lo superó exitosamente. ¡La Clase Media era un grupo musical estupendo!
Fue una experiencia maravillosa de año y medio (1968-1970) que Fernando formó parte de ese conjunto: festejos divertidos, prendidos, los contrataban para diferentes fiestas organizadas en el rumbo norte de la Ciudad de México los viernes, sábados y a veces domingos, llenas de gente entusiasta que disfrutaba de su música… Desafortunadamente, el grupo se deshizo, entonces dejó de tocar por una breve temporada.
En una ocasión que llegó a su casa, le anunciaron que iba a tocar —esa noche, en el bar del hotel Montecasino,considerado uno de los mejores, ubicado en la calle Génova— con el grupo Arts Nova, en la Zona Rosa, cuando estaba en todo su esplendor. Para Fernando fue una gran noticia, así que se puso en consonancia para su presentación: novedosa y muy improvisada, pues se lanzaron al evento sin haber ensayado, ante una audiencia repleta de personajes del ámbito artístico y del espectáculo… ¡Era increíble tener tanta suerte!
Arts Nova estaba conformado por el bajista de La Clase Media, el baterista de los Gooners, entre otros músicos de la misma talla, apoyados con personas encargadas de la instalación del equipo necesario, y gracias a ellas, conoció a algunos grupos, cantantes y comediantes del momento. En esa ocasión, tuvo un breve desencuentro con Katy Jurado, quien estaba presente en dicho bar. En esa gran noche, el grupo inició su presentación con la canción “Pan con mermelada”, además de otros éxitos musicales que estaban de moda en esos años. Su historia con ese grupo duró aproximadamente seis meses, para luego integrarse a uno de nueva creación: Freedom. Este nuevo proyecto fue concebido por un ex compañero de Arts Nova, quien animó a Fernando para que se apuntara en él, junto con otros cuates que conocían del mismo medio y de la misma zona de su residencia.
La principal idea de conformar Freedom, era para tener algo de dinero, que se les avecinaban algunos gastos personales y familiares, además de ejercitar sus instrumentos y tocar las canciones de moda. Su debut fue en el festejo del 12 de diciembre, organizado en el patio del Colegio Tepeyac —en Lindavista— alternando con los grupos: Heavy Sound, Colorado, Zigzag y Nuevo México. Entonces Freedom, fue aceptado por la comunidad de la colonia mencionada. ¡Eso representaba un alto grado de dificultad! Pero ya estaban adentro…
Freedom interpretaba algunas piezas de The Rolling Stones, Deep Purple, Uriah Heep, por mencionar algunos, género musical que lo caracterizó y le abrió las puertas de la televisión, como en el programa Onda, con Verónica Castro quien los presentó con la canción “Alone again”. Posteriormente estuvieron en el islote de Chapultepec, en un evento con el grupo estadounidense Sun Ra. Fueron los bateadores emergentes en un festejo en la Delegación —ahora Alcaldía— Benito Juárez, en el que les pagaron todo lo necesario.
Ese mismo día, en la tarde, tocaron en un boliche por Calzada de Guadalupe, alternando con Peace and Love, Three Souls in My Mind —ahora conocido como El Tri—, Love Army. En el trayecto de una tocada a la otra, una persona los identificó y les mostró que había una nota periodística en donde hablaban maravillas del grupo Freedom. Se abrieron paso para más contrataciones y audiciones también en el sur de la ciudad, alternando con El Antiguo Testamento, Los Monjes… Tocaron en el famoso y emblemático foro de rock Champagne A Go Go al mismo tiempo que Three Souls in My Mind, Javier Bátiz, Peace and Love.
Se acabó su historia con Freedom para incorporarse con el grupo Jet Set.
Con Jet Set, sus presentaciones, con contratos por varios meses, eran en lugares como el bar del hotel Meliá Purúa de la Ciudad de México, interpretando música de moda que se escuchaba en la radio de aquella época. Después, Fernando, se integró al grupo Wine, que lograba llenar todos los días hasta el tope, lugares como el bar El Champotón, con canciones: ”Voulez-vous Coucher avec moi?”, “Yo quiero amigos”, ”Llueve sobre mojado”… en fin, de corte un poco más romántico y uno que otro rock and roll.
Los grupos musicales mencionados forman parte de la trayectoria de Fernando en ese ámbito. Cada grupo apunta hacia experiencias muy valiosas que marcaron su participación, su gusto por la música y su compromiso con los diferentes públicos en sus variadas audiciones.
En 1975 se deshizo el último conjunto en el que participaba Fernando, lo que le dio la bienvenida a una nueva empresa: organizó un sonido que, aparentemente inició por casualidad, musicalizando una fiesta que le pidieron, con material grabado que utilizó el día de su cumpleaños. Se escuchó, en esa fiesta, música de moda en ese momento, interpretada por los grupos originales, aunque sin el menor cuidado, así como estaban las cintas, las reprodujo en el equipo. Parece como que, en esa ocasión, “no pegó”.
Al poco tiempo, adquirió equipo para grabar en cassettes, y empezó, haciendo cintas de música variada, con la característica que era lo que le gustaba a Fernando. El sabio consejo de su padre era que había que complacer a la gente que lo contrataba para amenizar fiestas y reuniones, sin darle importancia a esa recomendación. Sin embargo, continuaban las contrataciones en más festejos. Se vio en la necesidad de grabar más música de diferentes géneros para poder adaptarla al gusto de los festejados. Así fue como empezó a darse cuenta de la importancia de las preferencias de sus contratantes, a ganarse felicitaciones y recomendaciones.
Los siguientes eventos fueron musicalizados con más cuidado y dedicación, procurando mezclar las rolas. Cada vez gustaba más su trabajo pues impulsaba la diversión y el disfrute de los invitados. Entonces, adquirió más equipo como bafles, reproductores de músca... Se dio cuenta también, de que a la gente le atraían las canciones interpretadas por cantantes de habla hispana —lo que él rechazaba mucho—. Los invitados de esa ocasión, estaban prendidos bailando y cantando esas piezas. Fernando lo vio y fue cuando le cayó el veinte. Así que empezó a grabar música de ese género, popular en la década de los 80: Luis Miguel, Alejandra Guzmán, Timbiriche, Flans... Incluyó números de mambo, de chachachá, de salsa, pero también “Las Mañanitas”, “La Marcha Nupcial”, el “Himno Nacional”, “Pompa y Circunstancia”, “Dianas”, “A la Víbora de la Mar”, “Las Golondrinas”... por si se ofrecían para cualquier tipo de evento.
Le iba bien... ganaba buena lana y se hizo muy conocido para continuar con las contrataciones en fiestas y en diferentes tipos de eventos. El negocio empezó a crecer en horas de música grabada, en equipo, tuvo que adquirir una camioneta para poder transportar lo necesario para cada velada.
También lo contrataban para sonorizar a personajes como Raúl Vale, Luis de Alba, por mencionar a algunos... Le llovían los compromisos de trabajo con el sonido, en eventos particulares de algunos cantantes, actores, funcionarios públicos como el Presidente de la República de aquel momento, también en las empresas televisivas mexicanas, en reconocidos bares y restaurantes, en ferias tradicionales como la Internacional del Caballo en Texcoco, en comunidades judías, de mormones y de gitanos —reproduciendo la música que a cada grupo en especial, le pedía y le gustaba y de acuerdo con sus tradiciones culturales—. Cuenta Fernando, como anécdota, que presenció que la Gitana Mayuya, venerada dentro de la Corte Gitana, regalaba grandes cantidades de dinero (en efectivo y/o en especie), a las personas que sabía les hacía falta, muy generosa y espléndida, además de dar breves consejos en el ámbito amoroso.
En ocasiones, atendía “bomberazos”, cuando los grupos musicales que habían contratado en algún restaurante, bar o salón, fallaban, le entraba al quite, con el compromiso que eso implicaba, pero siempre los resultados exitosos se veían recompensados con una remuneración muy jugosa. Tiene magníficas experiencias de trabajo y de aceptación, por ejemplo, en El Mesón del Caballo Bayo, ubicado en Tecamachalco —cerró sus puertas en 2014— que, dicho sea de paso, cada vez que lo contrataban tenía resultados excelentes, el propietario y su equipo de trabajo, siempre contentos y satisfechos.
Ese lugar fue sede de una fiesta privada, cerrado para el público solo abierto para los mil invitados de Arnold Schwarzenegger en la que Fernando amenizó con su sonido. Entre los convidados a esa celebración, se encontraban personalidades como Jack Nicholson, Peter y Jane Fonda, Silvia Pinal, Alejandro Suárez y muchos más... El anfitrión se lució ofreciendo buenas bebidas. Ya entrada la madrugada, se repartieron pelotitas de unicel, que sirvieron para divertimento de los asistentes cuando las usaban como proyectiles, también, repartieron pistolitas de agua que llenaban con vodka... Esos objetos, la música, el baile, fueron los sellos permanentes del relajo y de la diversión.
Ejemplos de algunos lugares en los que fue contratado Fernando, están: El Casino Español, La Profesa, La Rrambla... para bodas de conocidos periodistas y comentaristas deportivos como la de Anselmo Alonso, la de Gerardo Valtierra (✟) y Atzimba Manjarrez... Amenizó infinidad de enlaces matrimoniales dentro y fuera de la Ciudad de México. También fue contratado para alternar con: Los Joao, Flavio, Jorge Falcón, Los Churumbeles de España, Amparo Montes, Angélica Vale, Angelita Castany (✟), el grupo Adagio... entre públicos variados y numerosos.
Participó en la sonorización cuando se inauguró, en 1993, el famoso barco discoteca del lago de Tequesquitengo conocido en décadas posteriores como Bar,CoDiscotheque.
El equipo con el que contaba era: 30 bafles, máquinas de humno, micrófonos, luces, mangueras, efectos... todo lo necesario para hacer de cualquier recinto, por austero que fuera, una verdadera discotheque, como las de aquellos tiempos. Regalaba sombreros, silbatos, serpentinas, confetti, globos y demás objetos para incrementar el buen ambiente de las fiestas. Sus habilidades musicales les ayudaron a presentarse él mismo como cantante, como broche de oro de su trabajo en la musicalización de fiestas y eventos, de varias canciones de moda, utilizando parte de su acervo como pistas, en ocasiones, al micrófono, contaba tandas de chistes, con lo que lograba la atención de los asistentes.
Trabajó muchos años con el sonido, siempre con resultados exitosos. Tenía gente a su cargo: un grupito de secretarios (como él les llamaba) para instalar el equipo al inicio de las fiestas y desinstalarlo al final. Cada fiesta, le dejaba a Fernando un cúmulo de experiencias invaluables y él tenía la gracia de hacer inolvidables esos eventos.
También, su dominio era a nivel artístico y psicológico del entretenimiento para crear una atmósfera de diversión, de festejo, conectaba con los invitados y mantenía la energía en lo más alto. Lo lograba a través del conocimiento del tipo de fiesta, en la selección de los géneros musicales, perfectos para cada momento del evento: la recepción, el tiempo de alimentos y el dinamismo para bailar. Era un gran observador de las reacciones del público, para hacer cambiar los ritmos en el momento justo. La gente permanecía bailando, no quería ir a sentarse. Usaba los micrófonos como lo hace un locutor de altos vuelos, en la animación.
Fernando conectaba el corazón de los bafles con el pecho de los invitados, como faros de energía y torrentes de ritmo que tocaban las más sensibles fibras en el mar de las emociones, rompía el hielo y provocaba las sonrisas como si fueran la principal decoración de los espacios. La noche avanzaba y el sonido se transformaba en un imán que atraía a la gente a expresarse con movimientos corporales, estimulada por la música como si todos fueran un solo latido que inyectaba euforia en las venas de la pista de baile, era un merecido regalo bajo las luces multicolores.
La celebración creaba su sonido estupendo en aquella máquina musical, convertida en un refugio vibrante y acústico en el que solo existía ese momento. El mundo, allá afuera, desaparecía. Los invitados gozaban dentro de una burbuja de frecuencias perfectas: no solo escuchaban la música, sino que se convertían en ella.
Parecía que Fernando hacía magia en cada fiesta... Hacía que la música cobrara vida.
Gracias, querido amigo, por permitirme conocerte más y por darme la oportunidad de expresar lo que la música ha significado en tu vida.
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